domingo, 14 de mayo de 2017

The club house: restaurante con variedad de cocinas

https://www.facebook.com/TCHdeleon/

Cuando vas a un centro comercial, te sueles encontrar con pizzerias, burgers y demás restaurantes de fast food, pero en este caso un fast food diferente que dobla mesas sin parar a un precio razonable en cuanto a calidad y cantidad.
Ofrece un menú del día completo por 11.50€ o si eres de los que comes menos, medio menú por 8.50€.
En mi opinión cualquiera de los dos menús es más que razonable, dependiendo de si tienes más o menos hambre, en nuestro caso, nos decantamos por compartir ambos menús para probar más cosas y satisfacer a nuestros estómagos.

Al gustarnos tanto la comida mexicana, nos decantamos por compartir un plato de nachos, con habas negras, pico de gallo, cheddar caliente y jalapeños en rodajas, con un picante agradable que no excedía ni incendiaba nuestras papilas para tener que apagarlas con cerveza fría.

Para continuar un hot dog con un pan crujiente, pero no de molde, al estilo baguette pequeña, bien rellenado y sin cortar hasta el fondo, como mandan los canones y acompañado con una salsa agria, queso y cebolla tostada y patatas (congeladas eso sí) pero al menos recién hechas y muy crujientes, algo que se agradece en lugar de las recién hechas, blandas y mal escurridas.

En mi caso, un wrap de jamón ahumado, lechuga, tomate y una crema de yogurt especiado que guarnecía muy bien, todo ello acompañado nuevamente de nuestras patatas ya mencionadas anteriormente.

Si acaso el único pero esta vez, fue nuestro querido postre... una tarta de chocolate y galleta al estilo de la abuela, que para mi gusto pecaba de jugosidad y falta de chocolate entre tanta capa de galleta, pero bueno no le restará demasiado ya que el computo general es bastante bueno.

Por último decir que los camareros muy atentos y veloces, a ritmo de doblar muchas mesas constantemente, limpiarlas a cada instante y pendientes a cada momento.

Puedo y debo recomendar el sitio, no para ir exclusivamente o sí, pero si estás pasando el día o la tarde en el centro comercial espacio León, es un bueno lugar de fast food pero con un toque más relajado y contundente.

Local: 2,5
Servicio: 3
Comida: 3.5



Valoración:★★★☆☆ 3

domingo, 7 de mayo de 2017

Restaurante Converso: No llega a profesar el cambio del antiguo local

Antaño este local era uno de los más reconocidos de León, el gran Mr PIB.
A día de hoy, en el cual el mundo hostelero sigue cambiando a una alta velocidad, el cambio de look y de nombre han hecho de este lugar un emplazamiento renovado pero que a mi personalmente me decepcionó bastante.

Dos camareras para una bar en la planta baja y el restaurante en la zona de arriba, daba pie a que el servicio iba a ir lento.
Comenzamos la cena con más de 30 minutos de retraso

algo que no me gusta es la espera en ningún ámbito de la vida, pero si para colmo tengo hambre, la espera es aún si cabe más tediosa.

Una ensalada césar que a priori debería de ser rápida y como entrante, no sólo era de cuarta gama, si no que encima estaba ajada y con hojas más ajadas que hacían que se deshiciera en la ensalada como una pasta desagradable.
Sin vislumbrar por ninguna parte la salsa césar, la ensalada fue un mero espectador de la cena.

Lo acompañaban unos "chupa-chups" a modo de croqueta redonda, de pavo y queso rellenando su interior.
Al intentar cortar, el rebozado no crujía, en parte también porque el fondo del plato estaba bañado en aceite de ajo.
Pero no era eso lo más malo, lo peor, es que el interior era una bola seca de pavo con un queso similar a un tranchete y sin nada de sabor.

En la foto en su web y en la carta, venían acompañados de un cuenco de salsa barbacoa, el cual reclamamos a la camarera pero dijo que no, que no llevaba nada de eso, así que bolas grasas y secas en su interior sin nada para mojar y modificar al menos el sabor.

Lo único bueno la pizza, a pesar de su base pálida y nada crujiente, el sabor del foie, los boletus y el jamón ibérico hicieron que al menos eso pudiéramos disfrutarlo y alegrar a nuestras papilas gustativas con algo suculento.

Esta vez no llegamos al postre, pero una vitrina en la parte del bar, mostrando las tartas, no incitan a ser degustadas.

Sin prolongar más esta crítica, siempre desde mi punto de vista y para gustos colores, después de varias oídas del pésimo servicio y una no muy buena calidad gastronómica, por mi parte nada más que agregar y un porcentaje casi nulo de repetir en este emplazamiento.

Local: 3
Servicio: 1,5
Comida: 1,5

Valoración:★★☆☆☆ 2

jueves, 16 de marzo de 2017

L'union: comida vegetariana en tierra carnívora

Cuando decidí ir a este lugar, tenía entendido (por comentarios de gente allegada) que para ser vegetariano tenía mucho sabor; y estamos equivocados cuando creemos que un plato de verduras es insípido y que no es contundente, se pueden hacer virguerías con unas verduras.
Si bien es cierto que ayer, no me convencieron para pasarme al lado más saludable de la piramide alimenticia.
Entramos en un local pequeño, antiguo, con una cocina abierta y mantelería de quita y pon, algo típico de menú de día, al cual no reprocho nada, ya que ha dado de comer a muchas generaciones a lo largo de los tiempos y se sigue haciendo.
Sitio abarrotado de gente y eso dice mucho también es cierto, ya que es algo cada vez más de moda dejar al lado carnes y pescados y lo cual incita a comer o cenar en un lugar así.
Un pero que pongo antes de empezar es el servicio; un camarero muy acelerado, hablando de manera muy poco correcta y en voz alta, sin saber hablar inglés con ciertos clientes y otra camarera, muy lenta y con voz muy suave, que bien mezclados, serían un camarero de bien.
Tras leer el folio del menú del día, nos decantamos por la pizza con ensalada, lasagna de espinacas y gnocchi de avena.
Del primero poco que decir, una buena base de pizza a la cual añades verduras y un queso que gratine bien y ya lo tienes hecho. Para guarnecerlo, una ensalada de lechuga, zanahoria, remolacha y soja ralladas, con una aliño algo insípido parecido a una mezcla entre mahonesa y lactonesa en cuya cima se encontraban unas pipas peladas.
Después de una pequeña espera entre plato y plato, aparecieron la lasagna y los gnocchi, a priori de aspecto más que parecido.
Los gnocchi eran de textura blanda, se desmenuzaban con facilidad, los imaginaba de otra manera, pero es cierto que me gustaron, al menos por ser algo diferente, a pesar de llevar una salsa de tomate y verduras pero que le restaban sabor a un producto que era sabroso de por sí sólo.
En cambio la lasagna,  aparte de su jugosidad, le fallaba el hecho de estar gratinada de igual manera que los gnocchi y la misma salsa de tomate, lo cual hacía que el resultado como bien decía al inicio, fuera más que similar.
Y para terminar como no puede ser de otra forma, con unos postres, para endulzar y finalizar la jornada de mediodia; tarta de manzana y tarta de requesón y frutos rojos.
No soy el mayor fan de los postres, pero cuando me nombran las palabras "queso", "limón" o "frutos rojos" no puedo decir que no, el problema es que me gustan los postres dulces, llamadme raro, pero no había probado algo más insulso e insípido en toda mi vida, ya sé que el requesón es muy desaborido,pero a la hora de emulsionar la tarta, con este ingrediente se te puede ir un poco de más la mano con el azúcar, a pesar de llevar una mermelada dulce, que no aportaba nada y una base de galleta sin sabor alguno, todo muy plano.
De la tarta de manzana comentar más de lo mismo, poco sabor, base sin sabor concreto y sin decir nada y eso que es difícil que una manzana no tenga sabor después de pasar por el horno con un poco de azúcar o almíbar, pero no fue el caso.

En resumen decir que un vegetariano no tiene por qué ser simple, plano o insípido, pero ha sido el caso, tal vez ha sido casual o que los platos no eran los idóneos, pero esa es la impresión que me llevo. No puedo recomendar el sitio, porque me vuelvo a repetir, que se puede hacer algo muy distinto con esos productos que nos da la tierra.

Local: 2
Servicio: 2
Comida: 2

Valoración:★★☆☆☆ 2

domingo, 5 de marzo de 2017

Becook: camino a marcar la diferencia


Un pequeño local bien aprovechado, con una cocina visible y que marca la diferencia entre salir de tapas o los platos de los mismos restaurantes en la ciudad.
Tiene un horario algo diferente a lo que encontramos aquí, cenas a las 21h o las 23h. Nosotros nos decantamos por la primera hora, al estilo europeo.
Una mesa de madera y asientos poco convencionales pero cómodos.
Tras echar un vistazo a la carta, nos ofrecen fuera de carta tres platos más, pero ya estábamos decididos.
Arrancamos la cena con una caja de madera con tres trozos de pan diferentes, nada del otro mundo, pero es un detalle (aunque sigo pensando que es un error cobrar 1 o 2€ por el pan en una comida o cena)
Decidimos probar el hummus de garbanzo con panceta, ajo negro y pan de centeno. Detalle a decir que una vez elegimos, nos dijeron que no era de garbanzos, había una variante, era de berenjena, cosa que no importó al final porque resulta interesante el “baba ganoush” tan típico de la cocina árabe.
Le acompañaban unos lardones de panceta confitada, que a simple vista parecía grasienta y blanda, pero sólo lo segundo, meloso y se deshacía en la boca.
A continuación, llegó el “Salmón perfecto” lacado con una salsa de miso, mostaza y miel y un arroz basmati  aromático en la base.
Un lomo de salmón generoso que alcanzaba ese punto de “perfecto” al estar cocinado a baja temperatura con una salsa que dejaba el regusto a esa fermentación del miso pero que combinaba muy bien con el dulce de la miel y los granos de mostaza.
Como plato fuerte, el “tataki de pato, reducción de px y noodles de arroz”, todo un acierto, ya que el punto era perfecto y el sabor de la corteza exterior le daba un toque de crujiente junto con las escamas de sal y los noodles le hacían una cama perfecta para acompañarlo.
Por ponerle una pega al plato, pecaba de un ligero toque de soja en la salsa, que no dejaba apreciar el vino dulce reducido.
Y para terminar, de mejor manera imposible, un postre que a mí personalmente me gustó sobremanera: “Roger rabbit” su interpretación de la carrot cake, con crema inglesa de zanahoria, crema de queso y helado de guinnes. Una crema muy diferente, el toque del queso cremoso y sin lugar a dudas un helado muy bien elaborado con esta maravillosa cerveza.
Una combinación fabulosa que recomiendo probar.
Son unas raciones medianas para compartir pero que con tres o cuatro para dos personas, como fue el caso, es una cena más que suficiente.
Por último decir que las camareras muy agradables, explicativas y marcando muy bien los tiempos.
Así pues, para salirte del picadillo, huevos rotos con patatas, croquetas de lo de siempre y pasar una velada muy diferente aunque sea a hora poco habitual, visiten este lugar.


Comida: 4
Local: 4,5
Servicio: 4


Valoración: ★★★★☆4,1

lunes, 20 de febrero de 2017

Restaurante Real Colegiata de San Isidoro: Un grial para seguir puliendo


Si hay un lugar simbólico en León, esa es la colegiata de san Isidoro, que no sólo hace las veces de basílica y museo, donde dicen que se encuentra el auténtico santo Grial, sino que también en su parte trasera hallamos la entrada a su claustro por el cual accedemos al restaurante.
Un pequeño paseo que nos dirige hacia unas escaleras de piedra con techo de madera que se conserva desde su inicio.
Es evidente que está reformado para su nuevo uso pero la armonía está bien adecuada.
Un comedor luminoso, estrecho y bien decorado para seguir con lel acuerdo de clasicismo y modernidad.
Ofrece una cocina en esas mismas líneas, mezclando lo tradicional con las nuevas técnicas culinarias que nos acompañan y evolucionan con el tiempo.
Un menú del “cabildo”, cocina de cuchara, a fuego lento, sin prisa para que  los sabores tengan aún más para decirnos a la hora de comer.
Pero en esta ocasión nos decantamos por el menú de día, que sirven por la noche también.
Una propuesta de aperitivo de la casa, entrante, plato principal y postres a elegir entre cinco opciones de cada uno de ellos.
Si bien este mismo menú puede elegirse en menú degustación de una selección de cinco platos propuesta por ellos mismo, aún así decidimos elegir por nuestra cuenta.
Para comenzar nos recibieron con una pequeña tosta de morcilla y un trozo de manzana, combinación más que correcta pero que no decía mucho.
La elección de los entrantes fueron unos trigueros a la plancha, con rúcula y bacon en lardones acompañado de una espuma de carbonara, algo que gustó pero sin ser excepcional.
En cambio el arroz con rabo de cerdo frito y calamar, fue de las mejores elecciones por su punto de cocción, la textura del rabo frito y el calamar tierno, todo un acierto de sabor y composición.
Seguimos con pluma ibérica, puré de boniato y rúcula. En su punto óptimo, como lo pedimos y el puré muy acorde con el sazonado y el punto dulce de la batata, si acaso la pega sería la repetición de la rúcula que había guarnecido al entrante, pero es un simple matíz.
Terminamos con el postre que tenían ese día, tiramisú (aunque también disponían de tarta de manzana y flan de higos entre otros) Para mi no fue la mejor conclusión, era artificial y demasiado seco, no ofrecía la melosidad de una crema de mascarpone y huevo y el exceso de sirope de chocolate no dejaba apreciar más sabores.
En aspecto general es un sitio que invita a entrar, la comida siempre puede mejorar pero necesitaría un par de visitas más para saber si acerté con estas palabras o tengo que replanteármelas.

Comida 3,5 
Servicio: 3,5  
Local: 4

Valoración: ★★★☆☆3,6

domingo, 5 de febrero de 2017

Four Lions Brewery: Cervecería artesana


Esta cervecería al más puro estilo pub inglés, decorada en maderas oscuras y ladrillo, no diría que es lúgubre y triste, sino acogedor, ya que la luz es suficiente para apreciar cada detalle que ofrece.
Con una variedad limitada pero interesante, de cervezas artesanales, Four Lions ofrece platos para acompañar a sus cervezas, más que para lograr su maridaje. Tiene una carta escueta, aunque se ofrece una variada selección de platos internacionales, nacionales, clásicos y por supuesto de la tierra. Podemos encontrar, entre otras cosas, nachos, costillas, huevos rotos o pulpo. Por desgracia, o por suerte para mi estómago, no pude degustar más que unos pocos platos.
Para acompañar mi pinta de White Wheat me decanté por una hamburguesa “Elvis” de pequeño tamaño, con queso de cabra y mermelada de higo, un contraste de ácido láctico con dulzor natural de fruta que, junto con una carne jugosa, hacen que el resultado sea casi perfecto.
Del mismo modo, el perrito, de igual tamaño que el anterior, en este caso con salchicha frankfurt, mostaza, miel y cebolla, acompañado con un queso cheddar que se derretía para envolver todos los sabores, resultó una elección igualmente apropiada.
A continuación llegó algo más clásico y contundente, unos huevos rotos con foie y patatas. Algo que lleva muchos años triunfando pero que quizás no es muy acorde al lugar. Es un plato rico pero para mi gusto demasiado graso; con una cama de patatas, que absorben cualquier líquido que esté a su alcance, en este caso el elemento oleoso de los huevos fritos y nuestro querido foie, que al fin y al cabo es pura grasa. Con otra bebida alcohólica, resultaría un plato menos basto en boca, ya que ciertos alcoholes limpian la grasa del paladar, mas al tratarse de una cervecería, esta posibilidad queda limitada.
Para cerrar la cena, algo realmente sorprendente, un postre típicamente italiano (uno de mis favoritos) que ellos han reinventado: el “birramisú”. Una delicia rectangular, suave, melosa y espumosa, que crea una homogeneidad que supera el buen gusto. La inclusión de la cerveza en la elaboración de este postre tan conocido logra una propuesta muy bienvenida.
En un contexto en el que las cervecerías artesanas cada vez están más de moda, recomendaría Four Lions Brewery por tratarse de una apuesta diferente por la calidad y la innovación. 

Servicio: 4 
Comida: 3,5
Local: 4,5


Valoración: ★★★★☆4

sábado, 7 de enero de 2017

La Mary: Franquicia diferente

http://www.lamaryrestaurant.com/es/restaurantes/4-la-mary-leon

Una franquicia que cuenta con un espacio moderno y con buena decoración, con una cocina que se desenvuelve bien pero que necesita un punto más.
He podido visitar este restaurante en dos ocasiones, en la época estival y recientemente en invierno. La carta ha variado poco o nada, pero intenta proponer cosas diferentes para comer o cenar.
Las raciones que ofrece son grandes, un gusto para cuando vas acompañado y compartes.
En la primera ocasión pude probar el foie micuit con mermelada de higos (algo que a mí personalmente me gusta) pero que casi todos los restaurantes que lo tienen suelen pasarse a la hora de servirlo con un acompañante dulce, agradecería toques ácidos, cítricos rebajados y de cierto alcohol para variar dicho producto. La ensalada que lo guarnecía, no tenía la frescura que pretendía aportar al plato, con cierta gomosidad y languidez.
Le siguieron unas mini croquetas de chipirón y tinta con patatas paja y una mahonesa de ajo. Del ingrediente principal decir que tenían gran potencia de sabor y cremosidad, pero me sobraban las patatas paja de puro relleno, que para lo único que servían era para acolchar a las diez esferas.
Para terminar, un entrecotte más que correcto de punto y de sabor, con unas patatas que no eran de bolsa congelada y que estaban crujientes y uniformes.

En esta segunda ocasión, también para compartir platos, nos decantamos por pulpitos encebollados con su toque picante y patata al mortero. He de decir que era un plato muy sabroso, justo de picante y bien sazonado, pero que esperábamos como segundo plato y más caliente de lo que llegó. A la vez nos trajeron los tacos de berenjena con alioli de soja y miel de caña, un plato bien combinado de sabores, para comer dicha hortaliza de forma diferente y que siendo algo que absorbe bastante aceite, no había atisbos de ello. Por poner un pero, el alioli debería de ser presentado en un cuenco aparte para poder untar más trozos, ya que los de abajo no podían bañarse con el aliño.
Y lo de que debió de ser el entrante principal, paletilla de jamón ibérico con pan de coca, tomate y olivas negras, nos llegó de último plato… es cierto que era paletilla ibérica, es cierto que llevaba una crema fina de tomate y olivas enteras, pero de pan de coca ni rastro, rodajas gordas de una barra normal y corriente, lo cual de haberse terminado o no tener pan de coca, en sala debieron de informarnos.
Pero a pesar de todo queríamos endulzar nuestro paladar y elegimos Coulant de chocolate, crema inglesa y chocolate fundido. La espera de doce minutos se hizo un poco larga pero sirvió para ir bajando la cena. El resultado pudo ser mejor, la lava de chocolate que proviene normalmente del interior de un coulant, no llegó ni al cráter.

Opinar dos veces del mismo lugar es bueno, sobre todo si ha habido espacio de tiempo de por medio. Me atrevo a decir que habrá una tercera visita y que mis palabras posteriores sean contradictorias a estas o simplemente corroboren lo anteriormente descrito.

Comida: 2,5
Local: 3,5
Servicio: 3

Valoración: ★★★☆☆3,3


domingo, 18 de diciembre de 2016

La traviata: Italia en Astorga


Local pequeño, de madera  y con pocas mesas, las cuales visten mantel de papel que cambian con el ir y venir de la clientela.
En el viaje a Astorga, no nos apetecían más cocidos ni comidas tradicionales típicas de León y sus alrededores. Nos decidimos por este italiano que tenía buenas críticas por calidad y precio.
Para acompañar la jarra de cerveza, unos “grissini” (hubiera agradecido que fueran hechos ahí y no en bolsita de compra) pero para matar el tiempo, mientras venían los spaghetti carbonara, estaba bien.
Pasta fresca que se notaba en color, textura y rapidez en el servicio, una salsa cremosa y con buena dosis de pimienta, el único pero que pecaron de poca sal.
Una ración generosa que dio paso a la pizza, la cual muchos decían que parecían bases de compra, congelada y gomosa; para mí todo lo contrario, una masa fina y crujiente, que no quita que estuviera congelada, pero no es un problema, ya que una buena precocción y posterior congelado, hace que la pizza quede casi como recién hecha.
Con bacon, salchicha y una salsa barbacoa ligera, hizo que el conjunto fuera más que bueno.
Cuando pruebas un restaurante italiano, las pastas y las pizzas suelen ser las elecciones principales, a pesar de ello una carta equilibrada y extensa para poder ir con asiduidad.

Comida: 3
Local:2,5
Servicio: 2,5


Valoración: ★★☆☆☆2,6

sábado, 19 de noviembre de 2016

El topo: No hace honor al que se encuentra en las afueras de la catedral

Trattoria mirando a la catedral, una de las mejores ubicaciones de la ciudad.
Este pequeño local, que ya ha pasado por varias manos, cambió no hace mucho para convertirse en lo que hoy día se conoce como “El topo”.
Un pequeño bar nada más entrar y a mano derecha una escalinata que nos conduce (al todavía más pequeño si cabe) comedor. Seis mesas pequeñas y la gente pasando a tu lado para ir a los aseos.
Para empezar estaba vacío y teníamos reserva. Nos quisieron poner en la mesa de dos que estaba pegada a la escalera, la cual, si colocabas mal la silla podrías pisar un peldaño o estorbar a la gente. A regañadientes nos cambiaron a la mesa del centro igual de “íntima” que la anterior.
Y a regañadientes fue el resto del servicio.
Tardaron en servirnos y aproveché para ir al aseo a lavarme, pero para mi desgracia no había nada de jabón (algo que no concibo en un lugar en el que aunque sea solamente, den tapas) me parece algo primordial de mirar y revisar al empezar la jornada de un bar o restaurante.
Como decía, llegó el primer plato: Gnocchi con salsa de quesos, un plato contundente, cremoso de salsa bien ligada con la pasta y ésta, bastante correcta.
Como no podía ser de otra forma, había que pedir una pizza, que tanto comenta la gente y es que, cuando paseas por fuera del restaurante el aroma del horno de leña invita a entrar.
Era la pizza que más nos convencía de todas, pero llevaba picante, dijimos que echaran poco o nada; no fue así… apreciabas el sabor, la masa crujiente pero no podías notar todo el conjunto, ya que el picante opacaba el resto de ingredientes.
Pero aun así, quedaba la parte dulce, que más que intentar redondear la noche, la terminó de rematar. “Torrija de León”. Pésima. Tres rebanadas de pan de molde sin corteza, una encima de otra, bañadas en una leche aguada y embalsamadas por un chocolate a la taza insípido que no aportaba nada. En su interior partes secas sin bañar y lo único que se salvaba del plato era el helado de vainilla que acompañaba, por suerte supongo que de compra.
Si sumamos todos los puntos negativos no regresaría, únicamente para probar algunas de las pizzas que es lo que más quiero probar debido a que esta vez no la paladeé como se merecía, aunque con un corto y la tapa podría ser más que suficiente.

Comida: 2
Local: 2
Servicio: 1,5


Valoración: ★☆☆☆☆1,8

domingo, 9 de octubre de 2016

Restaurante Las Termas: No fue precisamente un baño relajado


Aprovechando un evento familiar, fuimos a este restaurante a escasos metros de nuestra querida Catedral de León, en una de sus bocacalles principales.
Un restaurante que también posee un hotel y con un comedor moderno en la parte de arriba y uno más clásico y resguardado en su parte baja.
Era un menú del día que ofrecía diez primeros y diez segundos (cosa que no me suele gustar), ya que ofrecer tanto suele ser sinónimo de una calidad normalmente inferior debido a tener que cubrir con criterio cada uno de los 20 platos es algo complicado.
Me decanté por un guiso de alubias y chipirones; me gustó, en este caso un guiso en un menú del día (siempre y cuando esté bien ejecutado) es un “triunfo” ya que te permite jugar con algo hecho de antemano. Potencia de sabor en el conjunto de una muy buena combinación.
Del segundo no puedo opinar lo mismo… taquitos de buey, higo agridulce, patatas y pimientos. Al leer taquitos, uno se imagina unos dados de carne al menos de un tamaño medio, pero en este caso no, eran más bien dados de parchis, diminutos, lo cual fue un “problema” porque los pedí poco hechos, pero, es muy complicado ya que eso nada más tocar la sartén o la plancha se habían pasado más allá del punto “well done” que diríamos para el muy hecho.
De postre unas bolas de helado artesano, hay que reseñar que antes del hotel y el restaurante estaba ubicada y está a dia de hoy, frente a la pulcra leonina, la heladería Albany, así que ahí no podían fallar a la hora de los dulces.
No es un sitio al que tengo pensado volver por ahora, debería de haber un cambio muy notorio para que decidiera volver a deleitarme gastronómicamente allí.

Comida: 2,5
Local: 3
Servicio: 2


Valoración: ★★☆☆☆2,5

domingo, 2 de octubre de 2016

Restaurante hospedería monástica pax: Comida casi celestial

En un enclave conocido de León, en plena Plaza del Grano, se ubica este Convento de las Carbajalas, remodelado en una de sus partes como hotel y restaurante, además como de albergue para peregrinos.
Un comedor nuevo, blanco, pulcro, luminoso y que en sus paredes cuenta con obras de arte eclesiásticas.
Disponen de una pequeña carta con productos de la tierra pero nosotros nos decantamos por la opción del menú degustación de 30€ compuesto de seis platos.
El primer entrante constaba de un pastel de puerros de Sahagún, crema de cecina y su crujiente. La crema era ligera pero con el sabor inconfundible de nuestro embutido más emblemático y aprovechando otro producto local de cerca de León, para hacer un pastel jugoso.
Continuamos con un atadito de brick, pulpo y boletus. Crujiente, un guiso en su interior delicioso y sin una pega.

El plato de pescado (a pesar de ser muy carnívoro) me encantó, pez San Pedro (nunca lo había probado y ya tenía ganas) dos partes del lomo, melosas, con un alioli de ajo negro gratinado que hacia el plato subir de nivel y con un ragout de langostinos que guarnecía y redondeaba el plato de manera sublime.
Para bajar un poco estos primeros platos y antes de la carne, un sorbete de melón, simple y refrescante, cumpliendo la función de limpiar el paladar y asentar el estómago ante los dos últimos platos.
Que mejor manera para ir finalizando que un buen plato de guiso de rabo de ternera en su salsa y un puré de patata y queso gratinado, que hacía que el plato pidiera a gritos acabar con el poco pan que quedaba en el cesto.
Y como no podía ser de otra manera y ya que el chocolate es de lo que más suele gustar (al menos hasta ahora) tarta de dos chocolates y mermelada de naranja. Dulce, amargo y combinación más que conocida entre estos dos amigos de la repostería.
Es un sitio al que he ido en varias ocasiones al menú diario y no me ha defraudado más allá de que la carta para compartir está muy bien pero no es nada del otro mundo. Recomiendo, por su monasterio y su entorno, un lugar en pleno casco histórico que cumple (por lo que he oído) con creces, para peregrinos, huéspedes, religiosos y amantes de la buena gastronomía.

Comida: 3,5
Local: 3,5
Servicio: 3


Valoración:★★★☆☆ 3,3